Una conversación con Silvina Nieto: El candombe y el espíritu

  LA MATERIA, EL RITMO Y LA LLAMADA DE CANDOMBE AFRO: 


Cuando el cuerpo es parte de un holos que trasciende los sentidos en la cultura del Candombe.

​Una conversación con la Griot Silvina Mazumba Nieto

Tengo que hacer una introducción a esta entrevista alucinante que, como cada conversación con Silvina me encuentra y sorprende en la urgencia de encontrar la manera de grabarla, de tener alguna foto, de captar la mirada y de sobre todo.... escuchar lo oculto.

Silvina Mazumba Nieto, mi prima a la que jamás volveré a soltar, una ancestra que se desliza entre nosotras, simples humanidades en permanente aprendizaje.



El candombe no se lee ni se escucha desde la distancia: se padece, se camina y se encarna. Cuando la llamada gana la calle, lo que se despliega sobre el asfalto no es un simple desfile musical, sino una profunda tecnología comunitaria y ancestral donde la física del cuerpo entra en diálogo con la fuerza inmaterial del ritmo.  

​Como enseña la Griot Silvina Nieto, el candombe es una verdadera cosmovisión: 

                                                 

​«Es una cosmovisión... lo que pasa es el desplazamiento de toda la estructura orientada a lo ancestral, a lo místico, a lo cultural, a lo fenotípico, a lo genotípico, y a cómo toda la cuestión africana revela en un brazo, en una pierna, en una cadera, en el toque, la realidad de los ancestros.» 

​1. La materia y la trascendencia del tambor

​Cargar un tambor durante cuadras y cuadras implica una exigencia corporal extrema. El peso de la madera sobre el hombro, la tracción del talí, la vibración penetrando la caja torácica y la repetición ininterrumpida del golpe llevan la resistencia física al límite. Pero en medio de esa fatiga aparece el umbral ritual: el punto donde el cuerpo deja de luchar contra el peso y el instrumento se transforma en un canal.

​La mente, la visión y la intención sostienen al cuerpo cuando la masa muscular cede. La materia pesada se rinde ante la frecuencia, y el toque individual se disuelve en el impulso colectivo.

​2. En la estructura geométrica: Filas, columnas y la vara de la primera línea

​Nada en la marcha de la cuerda es casualidad. Las columnas proyectan la voz longitudinal del toque hacia adelante y hacia atrás, mientras que las filas aseguran la solidez lateral y el impacto en bloque. Estar en la primera fila exige sostener la vara muy alta: el jefe de cuerda ubica allí a los referentes con solvencia técnica y templanza para marcar el rumbo.  

​En palabras de la Griot Silvina Nieto:

​«Ser el referente en la primera fila de una cuerda de tambores trasciende la ejecución técnica; es asumir un rol de ancla rítmica y espiritual para toda la comunidad que marcha detrás. Cuando el jefe de cuerda te posiciona en ese lugar, está reconociendo tu capacidad para sostener el pulso colectivo, sabiendo que tu lenguaje corporal y la precisión de tu golpe serán el faro para quienes quizás aún están afinando su propio caminar rítmico.»

​En la cabeza de la cuerda no hay margen para caídas en cascada. Si la vanguardia flaquea, la comparsa entera se tambalea. Por eso, el liderazgo en el candombe no es egolatría, sino una estricta ética de cuidado: sostener el paso, contagiar firmeza y saber contener al compañero que siente el peso de la marcha.  

​3. Sonido en bloque y pedagogía comunitaria

​La búsqueda del sonido en bloque no es un mero objetivo estético, sino la encarnación acústica de la solidaridad. La Griot lo analiza desde la entrega colectiva:

​«Esa búsqueda del sonido en bloque que mencionás es la materialización acústica de la solidaridad. No se trata del lucimiento individual del tamborilero, sino de la renuncia al ego en favor del todo. La energía que viaja como una catarata —de adelante hacia atrás y de los laterales al centro— exige una escucha activa profunda. Cada persona en la formación debe vibrar al unísono, creando una pared de sonido unificada. Es un ejercicio vivo de cohesión donde la marcha inquebrantable del grupo sostiene a cada individuo.»

​4. La telepatía de la cuerda y la suspensión del tiempo

​Cuando el volumen ensordecedor de los tres tambores —el pulso metronómico del chico, la voz conversadora del repique y el suelo profundo del piano— inunda la calle, la palabra hablada pierde todo sentido. Es ahí donde se activa el verdadero lenguaje no verbal:  

​«Ahí ya no hay comunicación verbal... aflora toda otra parte del sistema energético y ancestral que uno tiene. Una mirada, la sonrisa, el "vamos que se puede" porque no podés hablar. Es la telepatía como forma de forjar la conexión.»

Un guiño, una mueca o una leve inclinación de cabeza reemplazan a las palabras para corregir el tempo o infundir aliento. En ese trance compartido, la persona deja de caminar por esfuerzo individual y pasa a ser llevada por la red sónica de la manada.  

​5. La tribu en movimiento: Resistencia y decolonialidad

​Este desplazamiento coordinado preserva y reactiva las lógicas tribales de traslado colectivo. 

Como reflexiona Silvina:  

​«Este desplazamiento coordinado refleja de manera vital la ancestralidad de las tribus en movimiento. Históricamente, quienes marcaban el paso al frente en los traslados no eran simplemente figuras de autoridad; eran los encargados de leer el terreno y asegurar que el cuerpo colectivo avanzara como un solo organismo, garantizando que nadie se quedara atrás. Es un conocimiento corporal y una memoria física transmitida a través de las generaciones que sobrevive intacta en la percusión.»

​Esta forma de entender el movimiento y el sonido se alinea profundamente con los marcos pedagógicos decoloniales y la justicia social. La comparsa, al avanzar unida ocupando la calle, ejerce una forma de resistencia territorial, reclamando el espacio público a través de una identidad que se comparte y una estructura organizativa comunitaria que desafía el individualismo moderno.

​El candombe nos recuerda que, cuando la materia pesa y el cuerpo se agota, es la frecuencia colectiva y la memoria ancestral lo que nos mantiene en pie.  

​📌 Texto e integración basados en las desgrabaciones y el pensamiento de la Griot Silvina Nieto sobre la dimensión mística, corporal, comunitaria y política del candombe.


La Nueva Z- Comparsa- Montevideo


Entrevista: Sara Rueco- Afrodecires Comunicación con Identidad

Instagram: Afrodecires

Fotografía: Pitu Da Luz

Web: www.pitudaluz.com.uy

Contexto: 7ma llamada Ubuntu 2026- Montevideo, Uruguay.

Griot: Mujer sabia, memoria viva, transmisora de conocimientos, narradora, artista, artesana de la cultura africana.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

La trama de la resistencia: Ancestralidad, juventudes y organización territorial en Salto- República Oriental del Uruguay

Un 25 de Agosto Plurinacional