Un 25 de Agosto Plurinacional
Resumir en un simple texto una historia contada desde la simiente colonial e impuesta desde los círculos académicos, sociales y políticos es de una complejidad que quizás este escrito no logre desentrañar.
La pretensión es desarmar una estructura centralizada en relatos del poder dominante, por esto mismo vamos al lugar donde sabemos que podemos transformar y fluir la palabra, el círculo.
Desde Guidaí Tekoha desandamos, problematizamos y transformamos los sentidos desde el único lugar posible, las periferias donde nuestras epistemologías fluyen y reproducen la rebeldía.*
* Sara Rueco Antúnez Integrante de Guidaí Tekoha- Comunidad Indígena afrodescendiente Comunicadora Popular y de identidad afrodescendiente Afrodecires Educadora Popular
Desde los fogones?
Del Sueño Artiguista a la Declaratoria de 1825
La historiografía oficial uruguaya ha construido en torno al 25 de agosto de 1825 un relato institucional donde la Declaratoria de la Independencia en la Piedra Alta de Florida emerge como un acto jurídico impecable, ideado por patricios y doctores. Sin embargo, al desarmar el mito fundacional y confrontar los documentos históricos con el análisis académico y las memorias comunitarias, surge una pregunta ineludible: ¿Nació la independencia verdaderamente en los fogones de la campaña o constituyó una apropiación criolla que traicionó el impulso popular?
Para responder esto es necesario retroceder a la raíz embrionaria de la soberanía oriental: el proyecto de José Gervasio Artigas. En el campamento de Purificación —corazón palpitante de la Liga Federal— no existían palacios gubernamentales, sino ranchos de barro y calaveras de buey por asientos. Su riqueza residía en su trama plurinacional, donde convivían en pie de igualdad gauchos, indios guaraníes y charrúas, afrodescendientes e “infelices de la tierra”. Ese crisol humano encontró su expresión política más radical en el Reglamento Provisorio de Tierras de 1815, la primera gran reforma agraria del continente. Bajo la premisa de "que los más infelices sean los más privilegiados", las tierras confiscadas a los "malos europeos y peores americanos" fueron entregadas a viudas, indígenas, negros libres y criollos pobres. No obstante, el empoderamiento de esta base popular emancipada y armada aterrorizó a las élites patricias de Montevideo y Buenos Aires, las cuales prefirieron entregar el territorio a la invasión luso-brasileña en 1816 antes que convivir con el orden artiguista.
Derrotado Artigas y consumado su exilio en 1820, las clases dominantes restauraron la jerarquía colonial. El peonaje rural, la población negra y los pueblos originarios sufrieron el despojo masivo de sus tierras, la re-esclavización o la persecución bajo leyes de vagancia. Por ello, la reanudación de la lucha en 1825 no puede leerse como un rayo en cielo sereno, sino como la reactivación de una identidad forjada en el debate "sin filtro" del círculo de la palabra alrededor del fuego.
Como señala Jimena Marrero, mujer indígena, el 25 de agosto de 1825 no fue un episodio aislado ni puramente doctoral; representó la maduración política del pueblo oriental pluricultural. La proclama de romper cadenas y la insistencia en los colores artiguistas (azul, blanco y punzó) rescataban la geopolítica emancipatoria de la Liga Federal frente a la dominación extranjera. La fuerza material y militar que hizo posible ese 1825 provino indiscutiblemente de los fogones. Es por eso que en estos tiempos aciagos es necesario recuperar la memoria afroindígena centrada.
Sin embargo, al integrar la memoria oral comunitaria, la idea de una "liberación colectiva" se quiebra. Desde la perspectiva charrúa expresada por Alberto Elías, los pueblos originarios constituyeron la fuerza militar de élite de la gesta revolucionaria —conviviendo con gauchos, afrodescendientes y lanceras como Melchora Cuenca—. Su genio táctico fue determinante en hitos como la Batalla del Rincón de las Gallinas el 24 de septiembre de 1825, donde inmovilizaron al enemigo arrebatándole el ganado. Pese a esta lealtad, la firma de la Convención Preliminar de Paz en 1828 y la consolidación del nuevo Estado derivaron en la traición: al reclamar las tierras e indemnizaciones prometidas, la respuesta de las élites y del gobierno de Fructuoso Rivera fue la masacre deliberada en Salsipuedes (1831). Para los originarios, la independencia jamás llegó.
Esta mirada es reforzada por Silvina Nieto desde la perspectiva afroindígena. La Declaratoria de 1825 no significó una emancipación universal, sino la instauración de una república criolla edificada en clave racista sobre la invisibilización y el exterminio. La población afrodescendiente fue instrumentalizada en los frentes de combate sin obtener la abolición inmediata de la esclavitud ni la libertad plena prometida. La fecha patricia terminó consagrando un mito de nación homogénea sobre el despojo de las comunidades afrodiaspóricas y nativas.
Conclusión: Una soberanía en disputa
El 25 de agosto de 1825 encierra una profunda paradoja dialéctica: mientras los fogones populares aportaron la cosmovisión, la sangre y el sentido profundo de libertad, la estructura institucional resultante en la Piedra Alta y su posterior evolución estatal expropiaron el triunfo popular para beneficio de la clase hacendada y letrada.
Problematizar este hito en el presente exige comprender que la proclama de ser "libres de todo poder extranjero" no es un museo patriótico, sino una tarea inconclusa. Resignificar el proceso artiguista y las luchas de 1825 implica desplazar el relato de los salones urbanos y encender la soberanía desde los focos actuales de resistencia, enfrentando el racismo estructural, la extranjerización de la tierra y el extractivismo que amenazan nuestros territorios a lo largo de Abya Yala.
Pensar en nuevas formas de contar la historia y volver a los fogones, al círculo de la palabra, a las comunidades soberanas es el nuevo desafío.
Alberto Elías- Charrúa originario del Uruguay
Silvina Nieto- Afroindígena, docente, artista (estudiante Udelar)
Jimena Marrero - Indígena, profesora de Historia y de Pedagogía en Formación Docente. Doctoranda en Educación en UdelaR
Integrantes de la Comunidad Indígena Guidaí Tekoha

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